Toda necesidad de este ministerio se suplirá mediante la oración. Es posible que compartamos nuestra visión de misiones con otros y puede ser aun que les demos a conocer las tareas específicas que Dios ha puesto en nuestro corazón, pero no recuadraremos fondos por medio de la insistencia ni la manipulación de nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Si este ministerio es del Señor entonces Él será nuestro Patrocinador. Si Él está con nosotros, Él dirigirá a Su pueblo a dar y nosotros prosperaremos. Si no está con nosotros, no tendremos éxito y no debemos de tener éxito.
Es nuestra intención de jamás engrandecer nuestro campo de labor contrayendo deudas. Esto es contrario a la letra y el espíritu del Nuevo Testamento. En oración secreta, con la ayuda de Dios, traeremos al Señor las necesidades de este ministerio y actuaremos según la dirección que Él provee.
No competiremos con otras agencias misioneras bíblicas, sino que utilizaremos los recursos que Dios nos ha dado para trabajar en sociedad con ellos. Si así dirige el Señor, sacrificaremos nuestras propias metas y recursos para ayudar con otras obras misioneras para el aumento del reino de Dios.
El personal que empleamos de tiempo completo en este ministerio es digno de su labor. Se debe de proporcionarles lo que se requiere para vivir con dignidad y para demostrar que el Señor es misericordioso para suplir las necesidades de sus siervos. Descuidar su bienestar les daría excusa a los impíos de acusar injustamente al Señor de que sea indiferente o que no pueda suplir las necesidades de sus siervos. A los que este ministerio apoya no se les dará tanto como para desperdiciar los recursos de Dios, adquirir lujos, ni vivir a un nivel arriba de los que tan graciablemente contribuyen a la obra del Señor. Buscar la riqueza y el lujo en el ministerio es negar el llamamiento.
No mediremos el éxito de este ministerio por la cantidad de dinero que se da, el número de Biblia que distribuimos ni misioneros nacionales que apoyamos, sino por la bendición del Señor sobre el trabajo.
Nuestra meta no es de engrandecernos a nosotros mismos, ni de llegar a ser una figura clave en la Gran Comisión, sino de ser administradores obedientes por la gracia que se nos da. Nuestra única visión es Cristo: crucificado, resucitado y exaltado.





