En los siguientes párrafos, consideraremos algunas de las ventajas más importantes de mandar y apoyar a misioneros nacionales o nativos para alcanzar a sus propios pueblos.
De antemano, queremos iterar que la estrategia de misioneros nacionales no elimina la necesidad de misioneros transculturales. No es que haya una sola estrategia que debe de emplearse. No estamos promoviendo una moratoria en misioneros de América del Norte y Europa Occidental sino que entendemos la necesidad de miles más en el campo. Simplemente buscamos comprobar que la estrategia de misioneros nacionales es un método igual de viable.
1 Los recursos humanos. Es un hecho que antes de ir a la guerra los estrategas militares consideran el tamaño de su población comparado con la de su enemigo. Esto simplemente quiere decir que la cantidad de recursos humanos disponibles para realizar una tarea es extremadamente importante. El mundo es grandísimo y tiene más de seis billones de habitantes. Si todos los cristianos en EEUU fueran misioneros, todavía no habría suficientes misioneros para predicar el evangelio a todos los grupos étnicos. Si continuamos dependiéndonos solamente de misioneros del Oeste, una gran parte del mundo nunca escuchará el evangelio.
2 Los recursos financieros. Cuesta una gran cantidad de dinero mandar y apoyar a misioneros norteamericanos y occidentales. Muchas familias misioneras requieren de $3.000 a $4.000 dólares por mes para trabajar en una tierra extranjera donde a menudo el salario es menos de $200 dólares por mes. En contraste, el misionero nacional o nativo puede vivir con el mismo salario que él de su paisano. La suma de este ahorro aumenta nuestro potencial económico tremendamente. Con lo que cuesta para apoyar a un solo misionero norteamericano con un apoyo mensual de $4.000 dólares, ¡uno puede apoyar a 20 misioneros nacionales!
3 Lengua y cultura. Cualquier misionero transcultural puede testificar de que el idioma y la cultura son dos de los mayores obstáculos de su trabajo. Muchas veces pasan su primer plazo (de 4 ó 5 años) solamente aprendiendo el idioma y acostumbrándose a la cultura. Pasan cinco años y gastan más de $250.000 dólares en el campo misionero para aprender el idioma, acostumbrarse a cultura y hacer un mínimo de ministerio. En contraste, el misionero nacional o nativo no tiene necesidad de aprender el idioma ni de acostumbrarse a la cultura que ha conocido toda su vida. Desde su primer día en el campo misionero el misionero nacional puede enfocarse en sus dos prioridades de evangelizar a los perdidos y plantar iglesias.
4 La identificación. Hay mucho desprecio de estadounidenses y europeos en muchos de los países menos evangelizados. En muchos grupos étnicos es virtualmente imposible que un misionero del Oeste predique el evangelio ya que lo rechazan por su nacionalidad mucho antes de que tenga oportunidad de comunicar su mensaje. En contraste, el misionero nacional efectivamente no tiene que enfrentarse con esto ya que es de la misma carne y hueso que aquellos a quienes predica. Cuando lo rechazan no es por su bandera, sino por su evangelio. Otro problema con el cual los misioneros del Oeste tienen que enfrentarse es que no pueden o no están dispuestos a vivir al mismo nivel que los a quienes ministran. A menudo los misioneros occidentales viven en casas que parecen mansiones a los nativos; manejan autos caros, mientras que los nativos toman el bus; mandan a sus niños a escuelas privadas, mientras que los nativos mandan a sus niños a la escuela pública. En constaste, el apoyo del misionero nacional se ajusta según el salario promedio de su propio país. Él vive en el mismo barrio, toma el mismo bus y sus niños van a la misma escuela que todos los demás.
5 No hay transiciones difíciles. Para el misionero transcultural, la plantación de una iglesia no es tan difícil como el período transicional posterior cuando el misionero se despide y el liderazgo nacional se encarga de ella. La iglesia sufre bastante durante este período transicional, pierde miembros y se desanima mucho. Habiendo experimentado el prestigio de tener un misionero del Oeste como pastor, la iglesia ya no está dispuesta a aceptar a uno de los suyos. Esto no es un problema cuando un misionero nacional planta una iglesia que está bajo su liderazgo de principio a fin.
6 Enfoque. Parece que muchas de las agencias misioneras de Norteamérica y Europa Occidental han perdido su enfoque. La Gran Comisión se trata primordialmente de la predicación del Evangelio, la salvación de almas, el discipulado de los creyentes y la plantación de iglesias. Muchas agencias parecen tener un número exorbitante de misioneros trabajando como administradores y “facilitadores,” y tienen pocos ministrando como pastores y plantadores de iglesias.





