Nuestra historia

Cómo empezó todo

Hace varios años cuando estuve sirviendo como misionero en Perú, fui testigo del gran avance del evangelio mediante muchos trabajadores nacionales a pesar de su pobreza severa. Empecé a orar y estudiar las escrituras respecto a mi respuesta apropiada a tales servidores selectos y su necesidad. En III Juan 1:5-8 encontré una enseñanza convincente:

“Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos,  los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harás bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios, para que continúen su viaje. Porque ellos salieron por amor del nombre de Él, sin aceptar nada de los gentiles. Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas, para que cooperemos con la verdad.” (RV60)

Mientras leía este mensaje, me empecé a preguntar cómo debería de aplicarse esta amonestación. ¿Deberían los norteamericanos solamente encaminar a misioneros norteamericanos de una manera digna de su servicio a Dios? ¿Es bíblico para los norteamericanos y cristianos de Europa Occidental ayudar a misioneros fuera de sus propios países y culturas? ¿Debería de utilizarse la abundancia en el Oeste para ayudar a misioneros en países y grupos étnicos menos prósperos?

La oposición y las respuestas

Mientras empezaba a discutir esta idea con otros misioneros norteamericanos, me enfrenté con algo de oposición. A menudo había escuchado que si se diera apoyo económico a los misioneros nacionales llegarían a ser dependientes, o el apoyo les haría consentidos, o se volverían perezosos. Me dieron muchos ejemplos de misioneros occidentales que habían apoyado a misioneros nacionales con poco o nada de éxito.

Mientras cuidadosamente consideraba las objeciones y los ejemplos de fracaso, empecé a notar errores serios en los argumentos que me habían dado. Primero, nunca había escuchado a un misionero norteamericano pidiendo que una iglesia retenga su apoyo por temor de que demasiado apoyo le haga dependiente, consentido o perezoso. Segundo, hay muchos misioneros de Norteamérica y Europa Occidental que son extremadamente ineficaces, apáticos, y quienes ni creen en la autoridad de la Escritura. ¿Deberíamos dejar de mandar a misioneros al campo extranjero simplemente porque algunos son indignos? Tercero, las incontables historias de intentos fracasados les echaban la culpa únicamente a los misioneros nacionales y se negaban ver las demás causas del fracaso:

  1. Los que recibían el apoyo no cumplían con los requisitos de un ministro que se nos dan en el tercer capítulo de Primera de Timoteo. No les hubieran apoyado desde el principio. La culpa era tanto del misionero extranjero que lo apoyaba como del nativo no calificado. Por esto las Escrituras nos advierten que no impongamos con ligereza las manos a ninguno (I Timoteo 5:22).
  2. Los que recibían el apoyo no demostraban la validez de su llamamiento. No eran hombres que procuraran con diligencia presentarse a Dios aprobados, como obreros que no tienen de qué avergonzarse, que usan bien la palabra de verdad (II Timoteo 2:15). No estaban trabajando en la cosecha antes de recibir una promesa de apoyo financiero. Eran personas contratadas, no dispuestas a trabajar en la cosecha a menos que tuvieran una promesa de apoyo.
  3. Frecuentemente el misionero extranjero contrataba al misionero nacional para actuar como sirviente y hacer su voluntad. He visto misioneros nacionales que fueron llamados por Dios a predicar el evangelio reducidos a nada más que un ayudante doméstico contratado para lavar el carro del misionero extranjero, limpiar su complejo habitacional y llevar a su esposa al mercado para hacer sus compras.
  4. Los misioneros extranjeros que supuestamente intentaron apoyar a misioneros nacionales no involucraron a la iglesia local. El misionero extranjero solitario no tiene el derecho de llamar, de aprobar,  ni de mandar a misioneros. Esto es el trabajo de la iglesia local y sus ancianos. Me parecía interesante que la iglesia local realmente nunca estuviera involucrado en la mayoría de estos casos que fracasaron.

Mientras estudiaba los intentos fracasados de apoyar a misioneros nacionales, empecé a ver que la mayoría de la culpa era de los misioneros extranjeros y las agencias misioneras extranjeras que los aprobaban. El fracaso no era resultado del apoyo a misioneros nacionales sino que era el resultado de la violación de incontables principios bíblicos y el prejuicio enmascarado de algunos misioneros que trataban a los misioneros nacionales como si fueran personas inferiores. Mientras consideraba las escrituras, empecé a ver cómo las iglesias en países más desarrolladas podrían apoyar a misioneros fuera del Oeste.

Las misiones nacionales y la iglesia local

Mientras consideraba el apoyo a misioneros nacionales, una verdad que no podía negar era esta: La iglesia local nacional y sus ancianos deben ser los elementos claves en la obra. No es sabio apoyar a misioneros nacionales en un país, grupo étnico, o área geográfica a menos que Dios abra la puerta para trabajar mediante pastores, iglesias locales y/o una asociación de iglesias nacionales que tengan una reputación establecida y duradera (una reputación nacional o aun internacional).

El trabajo de HeartCry en Zambia es un excelente ejemplo de este principio. Conrad Mbewe de Zambia es un pastor altamente respetado cuya reputación se extiende mucho más allá de su propio país. Él y su iglesia se encargan de entrenar a los candidatos misioneros, ordenarlos, enviarlos y pedirles cuentas en el campo también. Las que exigencias que imponen a sus misioneros y el grado de rendición de cuentas que les piden supera por mucho a la mayoría, si no todas, de las demás agencias que envían misioneros. Tienen la pericia para entrenar a misioneros, la perseverancia para trabajar con ellos en el campo, y la sabiduría y valor para pedirles cuentas. Lo que les falta son recursos financieros del Oeste. La Sociedad Misonera HeartCry colabora con hombres como Pastor Mbewe para proveerles lo que les falta para que se cumpla la Gran Comisión.

La necesidad de trabajar mediante iglesias locales nacionales y sus ancianos no puede exagerarse. Muchos pastores y otros cristianos preocupados del Oeste           a veces visitan países del Tercer Mundo y ven la pobreza económica de sus iglesias y pastores. Vuelven a sus iglesias en sus propios países en el Oeste y entusiasmadamente recaudan fondos para apoyar a los misioneros que apenas conocen desde hace algunos días. A veces termina bien y se avanza el Reino de Dios, pero más frecuentemente el proyecto entero termina con desilusión. Algunos meses de correspondencia empieza a revelar el verdadero carácter del misionero. No es tan calificado, ni dedicado, ni desinteresado como se suponía al principio. El apoyo del Oeste no ha corrompido a este misionero nacionales sino que ha simplemente revelado que no calificaba desde el principio. El pastor del Oeste se equivocó al recomendar a un hombre que solamente conocía por uno cuantos días y a quién no le podía pedir cuentas en el campo.

Muchas veces no reconocemos que las misiones deben de dirigirse por los principios que se encuentran en la palabra de Dios y no por el entusiasmo, ni el sentimentalismo ni el romanticismo. Se debe de apoyar a hombres y mujeres solamente después de un cuidadoso y alargado proceso de escrutinio. Deben tener un testimonio sólido y una fuerte reputación entre las iglesias y ancianos que mejor los conocen. Hay que tener siempre en cuenta que un extranjero es fácil de engañar. A lo largo de la historia de EEUU, encontramos a personas inescrupulosas que se han hecho fortunas engañando a los inmigrantes que llegaban de otros países. Es una sencilla verdad que toda persona es más susceptible al engaño cuando van a un país con lengua y cultura extrañas. A menudo los cristianos con buenas intenciones son los más fáciles de engañar. Por estas razones y muchas más, el apoyo de los misioneros nacionales debe de involucrar a las iglesias y ancianos nacionales con reputaciones dignas y bien establecidas. Es fácil  para un candidato peruano engañar a un norteamericano por unos días, pero es casi imposible que engañe a un grupo bíblico de pastores peruanos y llenos del Espíritu que han examinado su vida cuidadosamente a la luz de la Escrituras por un período extendido.

Inicia HeartCry

Habiendo superado los argumentos en contra del apoyo de los misioneros nacionales, seguía aumentando la convicción de que había que formarse una sociedad para beneficiarles. ¿Pero cómo podría financiarse una sociedad como tal? Nos parecía bien que no recaudáramos fondos ni pidiéramos a que otra persona supliera la necesidad. Si Dios verdaderamente era el Autor de esta estrategia radical de hacer las misiones, pues Él sería su Sustentor. Sentíamos que le podríamos dar la mayor gloria a Dios confiando en Él solamente. Nos embarcaríamos por la fe para apoyar a algunos plantadores de iglesias peruanos. Si Dos supliera sus necesidades, continuaríamos expandiéndonos según las puertas que Él nos abría y los recursos que Él proveía.

Poco después, se nos abrió la puerta para que hiciéramos lo mismo en otros países. Desde inicios tan minúsculos y débiles Dios nos ha permitido apoyar a misioneros nacionales, distribuirles Escritura y literatura cristiana y proveerles herramientas para el evangelismo en Sudamérica, Europa del Este, África, el Medio Oriente y Asia. Todo esto se ha logrado no según nuestra fe, sino más allá de nuestra fe,  y aun a pesar de nuestra frecuenta incredulidad. Si se ha logrado algo digno en este ministerio, es el resultado de la soberanía absoluta de Dios y su disposición para usar a los más humildes y débiles para avergonzar la sabiduría de los sabios y la fortaleza de los fuertes.

Nuestro deseo fuerte es de ver el evangelio predicado a todas las naciones. Creemos que la voluntad de Dios para nosotros es que confiemos en Él, clamemos a Él en la oración y esperemos grandes cosas de Él como nunca hemos hecho antes. Nuestra esperanza y oración es que Dios levante un ejército de misioneros nacionales para traer la luz del evangelio a los lugares más oscuros y olvidados en la tierra. Confiamos en su soberanía absoluta y reposamos en la certeza de que Él levantará a un pueblo para su Hijo  – ¡un pueblo escogido antes de la fundación del mundo!